Una Navidad Magica (...más o menos)

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Una Navidad Magica (...más o menos)

Mensaje por Llavebulacio el Sáb Dic 12, 2015 12:50 am

Primera parte. De cómo los idiotas decidieron salvar la Navidad.



“Carbón, carbón y más carbón.”
La joven de pelo morado rezongó.
“¿Quién se cree que soy ese viejo panzón?
¡Alguien como yo merece algo mejor!”

La caprichosa chica en su guarida merodeaba.
Mientras viendo su pila de “regalos” se quejaba.
Pero esta navidad las cosas iban a cambiar.
Pues ella ideó… el típico plan contra la navidad.

Y así, astutamente, comenzó a tramar,
y en secreto, sin que nadie supiera,
la Navidad se decidió a arruinar.
Pero, cuando su maquiavélico plan iba a ponerse en marcha…

Pareció cambiar de idea, y dijo:
“Al demonio, secuestraré a Santa,
no será inspirado ni genial,
pero igual el autor no vá a pensar algo original.”

Bien que te quejás, aunque tenés el antagónico principal.
Llena de modestia, la chica respondió:
“Meh, que novedad. ¿Debería considerarlo un honor especial?”
Hija de… ¿Sabés? Mejor… Vamos a continuar.

Y así, cazando al viejo,
inició su búsqueda a lo largo del mundo.
Y lo encontró, rápidamente.
En uno o dos segundos.

Mientras tanto, en el Polo norte,
el viejo Santa, Papá Noel, hacía los preparativos finales.
Más nunca iniciaría el viaje, pues de la nada escuchó,
una voz escalofriante.
“Dame todos los regalos. ¿Quién te crees? ¡Viejo ignorante!”
Suspirando pesadamente, el panzón se dió la vuelta.
¿Acaso esperaba la visita aquella?
La joven sonrió, y repitió su pedido.

“Los regalos, viejo.”
Más, él no dió el brazo por torcido.
“¡No te daré nada, pues no lo mereces, pedazo de diva!”
“Me dices así de nuevo, y te saco las tripas.”

Comenzó a reír, de forma incesante
mientras con un ademán de la mano,
a Papá Noel esfumó en un instante.
Así el delito estuvo consumado.

Y con el crimen hecho,
la joven desapareció aprisa.
...y no sé si pueda aguantar esto.
¿Seguiremos con las rimas?

FearRyu, KennyPyro y Llave, presentan orgullosamente…
“¿...otra historia de Navidad?”
“...por mí, mandale ‘Ponele el título vos - Es otro cuento navideño, solamente.’”

“...aunque bueno, esto también tiene algo del Grinch.”
“...y Nightmare before Christmas, por ahí.”
“Como sea, sigamos, ya se decidirá cómo le vamos a decir.”

Mientras tanto...:

***


Era un día bonito en Ahnenerbe, como no serlo.
Con la Navidad casi presente, la fiesta había comenzado.
El árbol estaba decorado, la gente sonriendo.
Más, ¿Por qué la niña esa no tenía cara de contento?

“Eh… Llave…” Dijo Lily, algo aturdida.
Más Llave, absorto, apenas le atendía.
“Calla, niña. Tenemos que terminar con esto.”
Y agregó Fear: “Hoy de una vez, tenemos que acabar el cuento.”

Y en efecto, allí estaban los tres: Sentados y escribiendo.
“Pero… ¿Y Meg? ¿No harán nada al respecto?”
Preguntó Lily, que les seguía viendo.
Más, todavía, ninguno le estaba atendiendo.

“Si secuestró a Papá Noel, mató a los Reyes Magos,
o quiere reemplazar a Jesús, me trae sin cuidado.”
Dijo Llave finalmente, mientras revisaba el tercer párrafo.
“Ay, ¿Por Dios? ¿A quién se le ocurrió hacer esto rimando?”

“¿No estás siendo un poquito irresponsable?”
Preguntó Fear, ignorándole.
“Creí que dijiste que tú ibas a encargarte.”
Más Llave consideraba la historia más importante.

“Eh, estará bien. Estas cosas con tiempo suelen arreglarse.”
“De Zero decís lo mismo, y aún no fuiste a visitarle.”
“Es que el hospital tampoco abre por la tarde.”
“...claro, claro. Bueno, sigamos.”, apuró Kenny, no queriendo frenarse.

“Pues… Si ninguno hará nada, yo tendré que encargarme,
aunque espero que a esa historia suya no la lea nadie.”
Y tras decir eso, escribió una nota.
Dónde describia aquella situación frustrante.
Tras doblarla varias veces,
un avioncito de papel hizo de ella,
y lo lanzó por la ventana.
¿...más allá de las estrellas?

¿Quién sería el desafortunado que recibiera el mensaje?
¿Haría algo al respecto,
o solo se haría el el ignorante?
De una forma u otra, la suerte estaba echada.

Ahora la Navidad dependía de quién se enterara.

***


Mientras tanto, en Magica, el universo 003,
Un hermoso acontecimiento estaba por suceder.
Tras sus aventuras, todos se iban a encontrar,
y la Navidad juntos iban a pasar.

Casi todos habían aceptado,
y la casa se iba a llenar.
Y, en el patio de la misma,
se podía ver a Carlos y a Far.

“Avivá un poco el fuego, dale. Que ya llegan los demás.”
Apuraba Far, que el reloj no dejaba de mirar.
“No apures, no apures, ahí voy.
Igual sé que, si hiciera falta, algo podrías hacer vos.”

“...y, si, podría hacer algo, eso es seguro.
Pero vos, Carlos, ¿No querías laburo?”
“Si, bueno.” Respondió Carlos, mientras miraba el asado.
Aún estaba triste, por cómo su negocio había fracasado.

“Eh, no te deprimas, vas a salir de esta, no te preocupes.”
“Lo sé… Igual, les agradezco que me ayuden.”
Y, tras animarle, Far entró de nuevo a la casa.
“¡Orion! ¡Janther!” Llamó.
“¡Dejen la tele un rato, no se distraigan!”

Los chicos llegaron rápidamente.
“¡No vamos a estudiar, ni siquiera lo pienses!”
“Ya bastante con la escuela de Verano…”
Murmuró Janther entre dientes.

Far rió, ligeramente.
“No era para eso… ¿Decoraron el árbol?
Hoy nos juntamos todos, tiene que ser impresionante.”
“¡Descuida!” Asintió Orion. “¡Aquiles nunca se vió más formidable!”

“Y por Uri no te preocupes.” Agregó Janther. “Yo ya pude encargarme.”
“Me alegra, en serio. Algo menos en que concentrarme.
¿...dónde está por cierto? No lo veo hace rato.”
“Ah, eso.” Dijo Janther. “Se quedó en el agua, jugando.”

Y, apenas eso hubo dicho,
una ola salió del cuarto contiguo.
Sobre ella estaba aquel perro que tanto conocían,
surfeando sobre ella, con una cara de alegria.

“...no sé como haces muecas, pero eso no importa ahora.”
Far miró a los 3, algo enojado.
“¡Antes de que lleguen los demás,
quiero que todo esto esté arreglado!”

***


Y, en plena nochebuena,
con casi todo negocio cerrado.
Dos jóvenes pasaban corriendo,
un montón de cajas en mano.

“¡Pero apurate, boludo, que nos están alcanzando!”
Gritó Izaya a Gene, que venía rezagado.
“¿Qué me apurás a mí? ¡No jodas, vos te olvidaste los regalos!”
Respondió Gene, que le seguía el paso.

“¡Si ya los tenemos, pedazo de manco!”, continuó el otro.
“¿Manco? Pero callate vos, eso ni fué hace poco.”
Replicó Gene, incómodo.
“De todas maneras, ¿Tu accionar no es un poco… discutible?”

“...solo confisqué algunas cosas, en calidad de héroe de guerra.”
Respondió Izaya, sin perder el ritmo.
“Intimidaste a un vendedor con Okami. ¿Dónde está el heroísmo?”
“...eh, igual. ¿A vos te parece ir sin regalos? ¿Te imaginás como nos ván a mirar?”

“Nunca más acuerdo con vos para esto, haceme acordar.”
“...como quieras, igual, al final nada salió mal.”
Y continuaron corriendo, por la ciudad,
hasta la casa de Orion, Janther, Uri y Far.

***


Y, en una casa distinta, otro espectáculo daba inicio.
Dos magos convencían a un caballero,
para en un viaje seguirlos.
“¿SEGURO que no querés venir?”

Ken miró el reloj.
“Kay y yo ya salimos, y ya casi es la hora.”
“Te juro, no te vá a pasar nada por usar magia
para ir de una casa a otra.”

Tenían un aparato extraño.
Al parecer, con eso podrían ahorrarse la larga travesía.
Más, al verlo, Sigmund rebufó.
“¡No usaré sus métodos, eso es una herejía!”

“¡Pero no seas idiota, son cinco kilómetros!”
“Serán dos horas al trote, nada no manejable.”
“Pero escuché que el circo está cerca,
y hoy abren hasta tarde.”

“...oh, ya veo.”, dijo Sigmund, súbitamente pálido.
“Pues, suerte con eso, amigo.”, dijo Ken. “Nosotros nos vamos.”
“¡Espera, hereje, he cambiado de idea, mejor los acompaño!”
“...ninguna sorpresa.”, sonrieron ambos, y el corto viaje comenzaron.

***


“Vamos, Kirito.”, insistió Kaiser.
“Llegaremos tarde si te demoras más.”
“Eh, el tiempo no es problema, no hay de qué preocuparse.”
Dijo Kirito, confiada, mientras seguía buscando qué ropa ponerse.

“Claro, claro.” Dijo Kaiser.
“En ese caso, aún así, podrías apurarte.”
“No me digas qué hacer,
yo decidiré cuándo marcharme.”

“Ya es la quinta vez que te probás el mismo vestido.
¿Para qué complicarte tanto?
Los dos sabemos que vás a usar,
ese negro que llevás hasta el hartazgo.”

“...puede, sí.”, dijo Kirito, aún distraída.
“Me has conocido demasiado en este poco tiempo, ¿Eh?”
“Claro, ¿Cómo no conocerte? Siendo tú,
como eres, tan inteligente.”

“...no hay necesidad de que digas esas cosas.”
Interrumpió entonces Kirito, cortante.
“Eh, lo sé. Lo sé. Quería que sonara interesante.
Después de todo, sabes que siempre estoy para ayudar-

“No dígas. Esas cosas. En serio”
“Y bueno, en cualquier caso,
que tú estás aquí para mí no e-
Pero antes de terminar la oración, le interrumpió un grito histérico.

“¡QUE NO LO DIGAS ASÍ, IMBÉCIL!”
Gritó Kirito, sin una pizca de elegancia.
“¡QUE NO SE TE OLVIDE,
QUE TE DEJO DORMIR EN EL LIVING DE MI CASA!”

“Eh, bueno, tranquilizate…”
“¡Y SACA ESA MUSICA DE MIERDA, IMBÉCIL
O VÁS A VER POR DÓNDE TE ENTRA EL PARLANTE!”
Encogiéndose de hombros, Kaiser apagó la radio.



“Eh… Cómo sea. ¿Vamos?”
Se calmó Kirito.
“Si, si, vamos. Pero no te enojes tanto.”
Respondió Kaiser, que el ambiente intentaba aligerar.

“Me volvés a hablar así,
y te dejo como la vieja de Far.”
Le amenazó Kirito, entonces.
“Como quieras, como quieras, pero en serio, no te enojes.”

Él realmente solo estaba jugando.
Ver a Kirito así le divertía..
Aunque no estaba seguro de por qué esas reacciones.
¿Sabría algo que él no conocía?

“¿Y cómo iremos, de todas maneras?”
“A pie”. Respondió Kirito, certera.
“Pero es del otro lado de la ciudad.”
Protestó Kaiser, como vago de calidad.

“THE WORLD. Listo, solucionado.”
“...la caminata sigue existiendo.”
“Caminá, o te mando volando.”
“...de acuerdo, de acuerdo. Vamos.”

***


Mientras tanto, en el Valkyrie,
el lugar estaba teñido de luces verdes y rojas,
aunque por dentro, el espíritu navideño no era más
que una idea remota.

Y allí estaba NEX, en el laboratorio,
tirado en el sillón,
piernas sobre el escritorio.
¿Y Gaster? Allí estaba, también.

Decoraba el lugar a más no poder,
aunque sin orden, y casi sin ver.
“¿No tendrías que haber hecho esto hace días?”
Preguntó NEX, sin mirarle.

“Andá a joder a tu harem.
No te metás si no vas a ayudarme.”
En ese momento, irrumpió Destiny, algo apurada.
Después de todo, hasta ese día no había trabajado nada.

“¡LA CENA NAVIDEÑA! ¡¿DE ESO QUIÉN SE ENCARGA?!”
“Ex me dió el trabajo, y yo delegue a alguien ya, calma.”
Dijo NEX, mientras bebía su sidra de manzana.
“Oh, gracias a Dios. ¿Y quienes son esas bondadosas almas?”

“Los mejores chefs del Valkyrie, sin duda.”
Dijo NEX, absorto aún en su bebida.
“Scream y Papyrus están ello,
todo irá bien. Descuida.”

***


En otra parte de la nave, mientras tanto,
Tortugo luchaba con una labor de lo más especial.
De entre todos, él había sido escogido.
Para erigir este año, el árbol de Navidad.

“Ah, perfecto.” Sonrió Tortugo, al terminarlo.
Se alejó unos pasos, y miró el enorme árbol.
Tan alto era, que la punta se doblaba al llegar al techo.
Se quedó allí, contemplando su trabajo, orgulloso.

En ese momento, alguien salió de un cuarto privado,
el capitán, ExDark, estaba pasando.
“¿Qué te parece, Ex?” Preguntó Tortugo, emocionado.
“¿Qué me parece…? Pues, que se está quemando.”

“Claro que se está quemando… Es tan increíble…”
“No en serio, fíjate. Ahí en el techo está la caja de fusibles.”
Tortugo se dió vuelta, y el árbol estaba en llamas, efectivamente.
“¡¡¡AHHH!!!”, gritó, y comenzó a correr en círculos, muy lentamente.

Ex, manteniendo la calma, miró a Tortugo con desdén,
y la alarma anti incendios corrió a encender.
Tras esto, volvió con Tortugo, que no había parado de correr.
“¿Dónde carajo compraste esto, si se puede saber?”

Tortugo, que casi había terminado de dar vuelta al árbol, por vez primera,
respondió rápidamente: “Se lo compré a Sans por 50000000000000 de oro,
vacié toda la cartera.”
“...ah, bueno.” Dijo Ex.
“No fue buena inversión, pues.”

***


“¿No deberías vigilar a Papyrus y Scream?”
Preguntó Lyra, mientras revisaba su perfil.
“Nah, esos dos no podrían morir.
Son huesos duros de roer, ya sabes.
Aunque la nave cayera, sé que sabrían sobrevivir.”

Sans, según parecía, estaba tomando un descanso.
Ninguna sorpresa, por supuesto.
Aunque.. ¿No era peligroso, dado el caso?

“Lo mejor sería que la nave no cayera, ¿No crees?”
Lyra dijo eso, a medias molesta, a medias sonriente.
“Si, supongo. Sería lo más conveniente.”

Y, tras decir eso… Ninguno hizo nada, en absoluto.
Siguieron en las suyas, cada uno en su mundo.
Hasta que Lyra dijo:
“¿No vás a ir a ver, solo para estar seguro?”

“¿Y si vás tú, si tanto problema supone?
Yo estoy en mi descanso, así el reglamento lo impone.”
Lyra guardó silencio, y claramente no hizo nada.
Y entonces Sans dijo: “Ups, un segundo.
Tengo que hacer una llamada.”

Sans sacó el teléfono, y marcó un número guardado.
Y en pocos segundos, su llamado, fue contestado.
Pero, en vez de saludar, se puso a gritar:
“¡FAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAR!”

“¡MIDE LA MITAD QUE VOS, Y ENCIMA LA LLEVÁS AL COLEGIO!
¿NO TIENE FIN TU PERVERSIÓN, PEDAZO DE ENFERMO?”
Atónita, Lyra lo miró en silencio.
“¿En serio lo llamás todos los días para eso?”

“¿Y por qué te sigue respondiendo-”
“¡Shh, que ahí responde! ¡Escuchá esto!”
“¡PERO DEJATE DE JODER, ESQUELETO DE MIERDA!”
Se escuchó al otro lado, con fuerza
“¡Y VOS, PERRO, VENÍ PARA ACÁ, QUIERAS O NO,
VOY A LAVARTE LAS OREJAS!”

Y con eso, la llamada se cortó,
dando paso al silencio de nuevo.
“Bueno, ya terminó tu descanso.
¿No es hora de volver a tu empleo?”

“Claro, es hora. ¡De otro descanso, por supuesto!”
“¿...eh?”, dijo Lyra, sorprendida.
“Cuidar esta sala también era mi trabajo,
y tras haberlo cumplido, puedo tomarme un descanso.”

Y, despidiéndose, Sans se alejó silbando.
“...meh.”, dijo Lyra, y siguió allí, tonteando.
Después de todo, no importaba que tan idiotas fueran Scream y Papyrus.
No podrían hacer taaaaaanto daño.

***


“¡SCREEEEEEEEEEAM, AMIGO MÍO!”
“¡¿QUÉ PASA, PAPYRUS, COMPAÑERO?!”
“¡¡¡PRIMERO QUE NADA…!!! No grites, es molesto.”
“Oh… Okey, entiendo.”

“Y segundo. ¿No te parece que huele un poco a quemado, todo esto?”
“Si, un poco, me recuerda a un episodio que tuve. Ahora mismo te lo cuento.”
“Yo, el Gran Papyrus, te escucharé luego, amigo mío.
Ahora nuestro trabajo es encontrar la fuente de este olor funesto.”

“¿Crees que la comida sea la fuente?”
“Pff… ¡CLARO QUE NO! ¡Yo, el Gran Papyrus,
solo sé cocinar de una forma, y es “perfectamente!”
“Si tú lo dices, no hay nada que hacerle.”

“Vamos, Scream. ¡Confía!
¡Te lo aseguro, soy un maestro en la cocina!”
“Pero… Papyrus, no estamos en la cocina.”
“¡Es porque tuve una idea mucho más productiva!

¡Si un horno en una hora tiene lista la comida,
usando el reactor, en solo cinco minutos
deberíamos tenerla servida!”
Afirmó Papyrus, emocionado en demasía.

“Entiendo… Pues, en 5 minutos, deberíamos echar una mirada.”
“Pff… ¿Estás loco? ¡De ninguna manera haremos semejante cosa!”
“¿Por qué? Pensé que en 5 minutos estaría cocinada.”
“¡Puede que si, pero yo, el Gran Papyrus, solo puedo actuar,
con absoluta perfección. Nada menos, nada más.”

“O sea que…” Dijo Scream, confundido.
“¡En Magipedia decía que se debía cocinar por una hora,
y esos pasos seguiremos, ESTÁ DECIDIDO!”
Tras esto, Scream miró a Papyrus, sorprendido.

“Eso… ¡De hecho tiene mucho sentido!
¡Bien hecho, Papyrus, lo hiciste de nuevo!
¡Esto seguro, todo en la cena será perfecto!”
“Y mira por dónde, somos rápidos hablando.”

Papyrus había sacado su reloj, y lo estaba mirando.
“Oh, el tuyo dá la hora, el mío no lo hace ni rogando.”
“¿...dónde compraste semejante baratija?”
“Me lo dió el bigotudo, el otro día.”

“Como sea… ¡Desde que comenzamos a cocinar,
y en todo este tiempo que hemos hablado…
...pasó, más o menos.... ...dejame mirar…
¿...medio segundo, aproximado?”

“Pues, sí que hablamos rápido.”
“Sin duda lo hacemos, amigo mío.”
Y así siguieron,  hablando hasta el hastío.
Sin notar que el humo los tenía casi escondidos.

Hasta que...
“Hmmm… Papyrus, se me ocurrió algo. ¿Puedo contarte?”
“Claro, amigo mío. Extiendete. No hay por qué apurarte.”
“Es solo una teoría, una posibilidad remota.”
“Ajá, entiendo.”
“Una suposición, que se me ocurrió justo ahora.”
“Claro, por supuesto.”
“Algo… Que se me vino a la cabeza.”
“Sin duda.”
“Bueno… Iba a decir, a fin de cuentas…”
“¿Si, entonces? ¿Qué me vás a contar?”
“Lo olvidé. Disculpa.”

“Bueno, seguro no era importante. Ya lo recordarás.
Es cuestión de tiempo.”
“¿Tiempo…? Ahora que lo dices, se me ocurrió otra cosa.
¿Seguro que tu reloj está en buen funcionamiento?”

“¡CLAAARO! ¡Lo estrené hoy!”
Papyrus gritó, .
“Y le pusiste las pilas, ¿No?”
Scream entonces preguntó.

“¡¿PILAS…?! ¡SCREAM, VAMOS! ¡DECEPCIONANTE!
¡YO, EL GRAN PAPYRUS, TENGO UNA PERSONALIDAD
E-LEC-TRI-ZAN-TE!
¡CUALQUIER APARATO FUNCIONA APENAS ACERCARME!”

Scream asintió, conforme, dándose por convencido.
Pero luego se volvió.
“Eh… Lo siento, pero eso no tiene sentido.”
“Oh… ¿Eso no funciona así, según tú?”

“Lo siento, pero… ¿Tal vez deberíamos ver si algo está encendido?”
“Si, será lo mejor. ¿Qué habrá pasado con la comida?”
Y ambos se dieron la vuelta, encarando la “parrilla”.
Y vieron, cómo no… Que en llamas estaba encendida.

“Oh.”, dijeron, al unísono.
“¡No te preocupes, Scream!
¡En seguida lo soluciono!”
“Veo que tienes un plan.”

“¡Claro! ¡YO, EL GRAN PAPYRUS, SÉ CÓMO OPERAR!
¡ES UN SIMPLE PROCEDER, UN PRINCIPIO ELEMENTAL!
¡FUEGO CON FUEGO, QUERIDO AMIGO!
¡ESO Y NADA MÁS!”

“O sea… Que vás a…”
“Claro.”
Y, sin perder un segundo, su cañón apareció,
y procedió a disparar.



...

***


Un juego de manos por aquí… Otro por allá…
Y, de la nada… ¡Ta - dá!
Una constelación apareció en la mano de Esprit,
despertando una enorme ovación.

“¡Ni ciencia, ni trucos, señores y señoras, esto es pura magia!”
Anunció, mientras la constelación desaparecía.
La audiencia aplaudió de nuevo, complacida.
Y, tras finalizar aquel gran espectáculo de magia…

Le dejaron uno o dos pesos en aquella vieja lata.
Esprit la miró, contento, y contó cuanto tenía.
¡Le alcanzaba para el colectivo! El último que saldría.
Feliz, se encaminó a la parada.

“Y mirá que tuve tiempo,
para juntar plata para la quedada…”


***


“Pensé que ustedes no venían.”
Dijo Far, contemplando a la curiosa comitiva.
“Si, bueno.”, dijo Ex. “Tuvimos… Un pequeño inconveniente.
Que involucra al reactor… Y… Cierta gente.”

Los demás asintieron, en silencio.
Sin excepción, todos estaban chamuscados, casi todo el cuerpo.
“No será problema, ¿No?”, pregunto Destiny, ya que el silencio le molestaba.
“No, pasen, vamos. Igual, Carlos labura por nada.”

“Ah… ¿No le fué bien el negocio?”, preguntó NEX, extrañado.
“Y, mirá, después de todo eso de la tercera guerra mundial…
A la gente no le gustan las cosas argentinas. Mucho menos el asado.”
“¿Quién hubiera dicho que Macri iba a influir tanto?”, señalo Gaster.

“Si hubieran sabido que era un Sith, lo hubieran detenido antes.”
Acotó Lyra, mientras se sentaba.
“Yo lo hubiera visto venir.” Dijo Ex.
“A la legüa se notaba.”

Y la gente fue llegando, poco a poco. El lugar se llenaba.
Y la alegría cada vez más y más contagiosa.
Las Crystal Gems tocaron a la puerta, y tras ellas llegó
Emily, cargando varias bolsas.

“¿Y Izaya?” Le preguntaron, al verla sin compañía.
“Fué a buscar a Gene, me dijo que después venía.”
Y, tras decir esto, entró, tranquila.
Al mismo tiempo que Kaiser y Kirito de la nada aparecían.

Estos dos estaban sudados, sin aliento, y bastante cansados.
“¿Por qué esa cara?” Preguntó Far, mientras atendía a los invitados.
“Eh, fácil. Vinimos caminando, y no es precisamente cerca.”
“...pero le dí a Kaiser el aparato para que vinieran.”

Kirito guardó silencio, simplemente, con la mirada vacía.
Luego se dió vuelta, y miró a Kaiser.
“¿...Kaiser?”, dijo con voz tranquila.
“¿...ewe?” Respondió este, con actitud evasiva.

Acto seguido, llevó la mano al bolsillo y sacó un aparato no muy grande.
Y sin perder un segundo, empezó a disculparse.
“¿...te acordaste por lo menos de dejar el otro para poder regresarte?”
Y al decir esto Far, Kaiser volvió a desviar la mirada.
Mientras el segundo aparato, del otro bolsillo sacaba.
Far lo miró, ceñudo.
Y solo una palabra dedicó a este acto:
“Pelotudo.”

Y, tras esto, la velada continuó.
Los comensales hablaban de todo.
Sus vidas, el mundo…
Era una noche cargada de emoción.

Y, en lo que conversaban, alguien más llegó.
“Era rápido el colectivo, ¿Eh?” Sonrió Esprit.
“Buenas noches a todos,
me alegra haber podido venir.”

“Sup’, guys!” Kenny apareció tras Esprit, con dos personas de la mano.
Una era Kay, por supuesto. Y la otra era…
¿Sigmund? ¿Qué habría pasado?
“...hereje.. ¡Lo hiciste a propósito!”

“Que la máquina no funcionase bien…”
Comenzó Ken, mientras a Far guiñaba un ojo.
“...no es algo que pudiera saber.”

“¡Pero aparecimos en el circo! ¿Justo ahí fuimos a parar?”
“Ah, volvímos, carajo. Dejá de lloriquear.”
“Si, volvimos. ¡Después de que el payaso me corriera por todo el lugar!”
“Lo importante es que estamos bien…” Cortó Kay. “¿Y cuándo vamos a cenar?”

Y fue llegando más y más gente.
El Nigromante, y poco después Venom y Katsuno, por ejemplo.
Los tres se hicieron presentes.

A estas últimas les preguntaron de dónde venían.
Más nada quisieron responder.
Aunque, por cómo actuaban, mucho no se quedarían.

“Al final vinieron todos.”
Dijo Orion, sonriendo.
“Ajá…” Respondió Far. “¿Y esa ropa, por cierto?”
Orion llevaba un vestido que Far nunca le había visto antes.

“Me lo regalaron.”
¿Quién le habría dado un regalo semejante?
“¿...tiene que ver con las risas histéricas de siempre, por algún casual?”
“Puede.” Respondió Orion, sin confirmar ni negar.
“Entonces… No hay mucho que hacer.”
Resolvió Far. “Igual te queda bien.”

“¡FAAAAAAAAAAAAAAAR!”, gritó Sans, apartando la comida.
¡¿QUÉ TE PASA!? ¡LE HACÉS DE TUTOR ENCIMA!”
Y todos comenzaron a reír, el ambiente cargado de alegría.
“¡ANDATE A CAGAR! ¡JUGUETE CANINO PARLANTE!
¡VOY A DEJAR QUE URI TE DESARME!”

A esto Uri contestó, simplemente.
“¡Far, eso es de mala gente! D:<”
Y entonces los dos últimos llegaron, finalmente.

“Uff… Uff…” Resopló Gene, desfalleciendo.
“Si preguntan, no nos vieron.” Dijo Izaya. “O pasamos corriendo.”
“¿Dónde estaban?” Preguntó Emily, acercándose. “Es bastante tarde.”
“Eh… Jajaja…. Los regalos, ya sabes.”

Emily lo miró, sin saber como hablarle.
“Los regalos los compré yo, ¿Recuerdas? Me lo encargaste.”
“...”

Por unos segundos hubo silencio.
Hasta que Izaya escuchó detrás suyo,
el facepalm de su compañero.
“Eh… Como sea. Feliz nochebuena, y de paso año nuevo.”

Y la mesa se completó con ellos.
Ya estaban todos reunidos, para aquella ocasión especial.
Y cuando empezaban a tener hambre…
El asador entró al lugar.



Y una música fuerte comenzó a resonar.
“¡CARLOS! ¿Y si le bajás el volumen?” Grito Far, intentando hacerse oír.
“¡CAÑA!”, dijo Carlos por toda respuesta,
mientras empezaba a servir.



Y así, finalmente, se dio inicio a la cena.
Por todos lados la gente reía,
y se juntaba en torno a la mesa.

Una noche pacífica… Tranquila…
Y para ellos, llena de vida.
Después de todo… Allí estaban.
Al final del camino, de todos esos peligros…
Estaban disfrutando todos juntos, como buenos amigos.
En su nueva vida… Esas cosas no faltaban.

Bromeaban… Jugaban… No parecían muy diferentes a niños.
Si alguien los hubiera visto, probablemente no hubiera adivinado
aquel infierno del que habían salido.

Y la hora… Finalmente se acercaba.
¿Cuánto faltaba, para celebrar la ocasión?
Solo 30 minutos…
¡En 30 minutos sería Navidad! ¡Que emoción!

¡Podrían pasar la Navidad juntos,
después de todo aquello!
Eran, sin dud-
“Lamento interrumpir la narración. Pero eso no vá a ser cierto.”

Eso dijo una voz, algo enfurruñada.
Y continuó.
“Verán. Parece que este año, la Navidad está cancelada.”

Y entonces se dieron vuelta, hacia la voz.
Había alguien más en la habitación.
¿Era… Lana?



Era ella, efectivamente.
Justo en aquel momento se había hecho presente.
Y había algo en su mano…
¿Era un papel estrujado?

“Lamento no haberte invitado.
No tenía tu dirección.”
Dijo Far, al tiempo que acercaba una silla.
“De todas maneras, sientate. Dínos… ¿Qué pasó?”

“No hace falta. Quisiera hacer esto rápido.
Verán, por el espacio tiempo felizmente iba retozando…
Cuando en mi ojo un avioncito de papel acabó aterrizando.”

“¿No usas un parche todo el rato?”
Preguntó Tortugo.
“Y… Bueno, venía del oculista. Justo hoy me lo sacaron.”
“Eso es bastante…”

“¡COMO SEA! Al punto. Lo que está en el avión es muy importante.”
“¿...y nos afecta de alguna manera?”
Lana tiró el avión, por toda respuesta.

“¡MI OOOOJOOOOOOOOO! ¡EWE!”, gritó Kaiser, desconsolado.
“¿...pero cómo es posible?”, Dijo lana, aturdida.
“¡Lo tiré para el otro lado!”

“Será mala suerte.”,
dijo Kirito, sonriendo falsamente.
“No vale la pena pensarlo.”


“Entieeeendo. Como sea, sacale el avión del ojo a tu novio.”
Dijo Lana. Estaba algo apurada, como vén.
“¡Y leelo, vamos, no tienen tiempo que perder!”
“...”

Kirito sacó el avión del ojo de Kaiser sin una pizca de delicadeza,
haciendo todo lo posible, por causarle una ceguera.
Finalmente, cuando el avión y un trozo de ojo hubo sacado,
y tras haberle dicho que no llorara tan alto,
se dispuso a leer el mensaje, satisfecha.

“Eh… ¿Se acuerdan de la pelimorada que se reía como histérica?”
Far entonces dijo: “Y si, a la hermana siempre la visita.”
Kirito continuó: “...y a mí siempre me deja clavos en las sillas.”

“Como sea… Acá dice que, enojada, secuestró a Santa Claus.
Lo hizo desaparecer, no se sabe que le pasó.
Y bueno, sin él… La navidad se canceló.”

Se produjo un silencio general.
¿Estarían lamentando lo que pasó con la Navidad?
Ken rompió el silencio.
“Pará… ¿Entonces todo lo de Papá Noel era cierto?”

“Así parece.”, respondió Kirito.
“¿Y ahora la loca lo tiene prisionero?”
“Ajá. Es lo que el mensaje dice.”

“Entonces… Solo hay una solución posible.”
Dijo Janther, de la nada.
“¡Debemos reemplazarlo! ¡La Navidad, tenemos que salvarla!”

“¿Pero esto no es algo cliché, predecible, increíblemente usado y poco original?”
Dijo Esprit entonces, dudoso.
“Ajá... “ Respondió Janther. “Seguro prendo la tele, y la vemos en algún especial.”

Lo hizo y, en efecto, estaba.
Ni tuvo que cambiar de canal.
“Hmm… Este plan…” Meditó Esprit, ensimismado.
“¡ES PERFECTO! ¡AHORA MISMO, HAY QUE COMENZARLO!”

Y, así, estuvo decidido.
¡Salvarían la Navidad! Ese sería su cometido.
Justo cuando parecían libres, otra aventura tocaba a su puerta.
¿Le harían frente? ¿O fallarían a mitad de camino?


__
Datos random:
-No, no tenemos nada mejor que hacer.
-Recordamos que los géneros usados para los personajes son los de los chars.
-Si, no todos hablan o participan mucho, intentaremos irlo compensando en los siguientes. (Porque no, esto no termina acá. MUAJAJAJAJA.)
-Esperamos que lo hayan disfrutado.
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Re: Una Navidad Magica (...más o menos)

Mensaje por Sr.Tortugo el Sáb Dic 12, 2015 11:36 am

Ha sido hermoso, me encanta que se hagan estas cosas son unas risas.

PD: ¡No soy tan lento!

PDD: Espero que aparezca el doctor que no sabe abrir puertas en la siguiente(?)
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Re: Una Navidad Magica (...más o menos)

Mensaje por Llavebulacio el Sáb Dic 19, 2015 12:34 am

Segunda Parte. De cómo los idiotas salvaron la Navidad.



Pero con eso no bastaba. Apenas habían comenzado.
¿De dónde iban a sacar el trineo, el mapa, los regalos?
Semejante viaje no se haría de la nada, no estaban preparados.
Y, sin embargo, la noche ya había comenzado.

“¿Y todo lo necesario, de dónde vamos a sacarlo?”
Pregunto Ex, aún escéptico.
“No te preocupes, ya lo tengo todo pensado.”
Sonrió Far, enérgico.

Y, tras un segundo de silencio, todos lo miraron.
NEX dijo: “¿...tienes todo preparado?”
“...eh… ¿Si…? Tenía tiempo libre, y no sabía cómo gastarlo.”
“.........................”, se produjo, entonces, un silencio generalizado.

“¿...tenés un trineo, un traje de Papá Noel, y algo para entregar regalos?”
“...eh, eh, dejense de joder, ¿Si? Vengan, rápido. Vamos bajando.”
Far fué a otra habitación, y los demás le siguieron,
medio atónitos, nada extrañados.

Y tras una estantería que Far apartó…
“¿...por qué está eso en mi habitación?”, preguntó Orion.
“Porque tenía las paredes más gruesas.”
“...pero…” “...no te preocupes, me aseguré de que no estuvieras despierta.”

Todos se dieron vuelta, y miraron a cierta persona.
Esta se encogió de hombros, burlona.
“Si esperan un chiste…”, dijo Sans.
“No creo que haga falta, la escena habla por sí sola.”

“¿...y no podías poner esa puerta en NINGÚN otro lado?”
“No, a las otras habitaciones ya las había usado.
...eh, dejen de mirarme así, no tenemos todo el rato.
Empecemos con esto. ¿Vamos bajando?”

Far pasó por la puerta, y bajó por unas escaleras,
mientras el resto, aún medio atónito, lo seguía de cerca.
“¡Sean bienvenidos”, gritó entonces.
“¡A LA FARCUEVA!”



...aún en un silencio atónito, asomaron al lugar.
Era una cueva enorme, hasta dónde llegaban a mirar.
Y había objetos y aparatos, colgados por doquier…
“¿...y cuándo hiciste esto, si se puede saber?”

“Hace uno o dos meses, poco después de que llegué.
Como sea… Las cosas deben… ¡NO TOQUES ESO, EX!”
“Pero… Es solo una pelota.” Dijo Ex, que estaba mirando.
“...eh… Una pelota, claro.”, respondió Far, tratando de apartarlo.
“¿...en serio tenemos tiempo para esto? ¡Vamos apurando!”

Y… Frente a una pista… Lo encontraron.
Un enorme trineo, listo para el embarcarse.
Con eso, la parte más complicada casi habían terminado.
Solo quedaba, por supuesto, repartirse cada parte.



¿Quién haría del barbudo, Papá Noel,
quienes los renos, quienes lo duendes, cada papel?
Mientras pensaban al respecto, el tiempo seguía pasando.
Y, finalmente, decidieron los roles, tras discutir un rato.

Far haría de Santa, y proyectaria los regalos.
Orion, Esprit, Janther, y Tortugo, como buenos duendes, iban a ayudarlo.
Con Kirito, que se negó a hacer de duende, hubo todo un caso.
Y como una segunda Santa acabó terminando.

Aunque era bastante simple su verdadero trabajo.
Junto con Ken y Katsuno, el tiempo del mundo y la nave irían alterando.
Las Crystal Gems, Uri, Ex, Gene e Izaya, todos contra su deseo,
serían los “renos” de aquel extraño trineo.

“¿...y el trineo no puede moverse solo?”, preguntó Kaiser.
“Y mirá.” Respondió Far. “El viaje es largo, de algo nos tenemos que reír.
...y además, si desilusionamos a algún chico, nos vamos a arrepentir.”
Pero, aún así, ser reno no era solo para burlas recibir.

Se encargarían de mantenerlo a flote,
mientras los regalos repartían.
Kay también se unió a esto, a ayudar en lo que pudiera,
y Sans se adelantaría, para ver lo que los niños quisieran.

Y Papyrus, por supuesto… Los acompañaría,
amparandolos con su inestimable presencia.

Estos puestos, claro, eran meramente organizativos.
Tarde o temprano, todos entregarían algún regalo. Así estaba decidido.
Y, una vez todo estuvo resuelto,
se pusieron en marcha, rumbo a su primer destino.



“¡En marcha!”, gritaron, y emprendieron el vuelo.
¿...estaban tomando ese plan en serio?
De una forma u otra, apenas se elevaron,
rumbo a las casas vecinas se encaminaron.

Más ya en la primera, su inicio se vió accidentado.
“Eh… Far, ¿Estás seguro?”, dijo Venom, viéndolo prepararse.
“Y si, no te preocupes. No soy tan boludo, no voy a quemarme.”
Dicho, eso, saltó dentro de la chimenea, sin demorarse.

“Eh… Igual el fuego no era problema.”, dijo Lyra.
“La cosa es que podrían tratar de matarle.”
“Todos dejan trampas en Navidad, ¿No? En especial los ateos.”
“...si, bueno, esta no es una casa de esas… ...espero.”

Pero al poco rato, y con mucho estruendo, Far salió disparado.
“...sigamos, igual dejé los regalos.”
Se le veía algo enfurruñado.
“Y la mitad del living destrozado.”

Y así comenzaron su aventura,
sin perder un segundo.
Aunque seguro que tampoco había mucho apuro…
¿...cuántas ciudades podía haber en el mundo?

[20 ciudades después.]



“...esto vá a tomar un rato.”
Janther ya estaba suspirando.
“Igual, es mejor que la escuela de Verano.”
Sonrió Orion, hacia afuera mirando.

Pero algo interrumpió el ensimismamiento de ambos.
Un esqueleto molesto, justamente amordazado.
“¿...cuándo van a sacarme esto? ¡Insolentes humanos!”, consiguieron entender.
“Y, mirá.” Dijo Esprit. “Gracias a vos, usé Sihir hasta casi desaparecer.”

“¿...a mí? ¡Solo quería que los humanos de la aldea
escucharan mi espléndida voz!”, replicó, con visible enojo.
“Pues, lamento decirte, que Papá Noel trabaja en silencio,
mientras todos hacen reposo.”

“...oh, bueno. Lo tendré en cuenta.
...de todas formas. ¿Podrían sacarme esta asquerosa prenda? Su sabor me espanta.”
“¿...lamiste mi bufanda?”, gritó Lyra.
“...eh, no, para nada.”

***

Y algo más adelante, otra sorpresa les esperaba.
A dos de ellos, al menos. Más precisamente, a Gene e Izaya.
“Mirá… Justo a nosotros esta casa nos tocaba.”
“Shhh, callate, parece que no escucha nada.”

Estaban caminando, lentamente, a través de una pequeña sala de estar.
Y en un sofá, sentado… Estaba el tipo al que ciertas cosas le habían tenido que “confiscar”.
“...shhhhh.”, dijo Izaya, mientras los regalos comenzaba a acomodar.
“...mirá que si se levanta nos vá a matar.”



Y, mientras se disponían a regresar...
Un ruído estúpidamente fuerte resonó por todo el lugar.
“¡PERO SOS BOLUDO! ¿JUSTO EL PLATO VÁS A PISAR?”
“¡CÁLLATE, BOLUDO, DALE, RAJÁ!”

“¿...ah? ¿Eh? ¿...QUÉ HACEN USTEDES ACÁ?”
Gene usó Dynamokinesis, y tomó a Izaya del brazo.
En cuestión de segundos, ambos salieron disparados.
“¡ACELERÁ, DALE, ANTES DE QUE NOS CAGUE A PALOS!”

***


“¡Corran, amigos, corran, sean libres! n_n”, gritó Uri, mientras abría la puerta.
“...eh, Uri… ¿Estás seguro de esto?”, le dijo Janther, mientras la mantenía abierta.
“¡Claro! ¡Es Navidad!
¿Acaso ellos no tienen derecho a disfrutar? D:<”

“Eh… Claro que sí, tienen derecho, pero…
No sé si sea buena idea… Es un zoológico entero.”
“¡Estarán bien! Además, seguro no les dejaban tener regalos ahí dentro. u_u”
“Si, bueno… Mal por ellos… Como sea, Uri. ¿Vamos yendo?”

“¡Claro, volvamos al trineo! >Very Happy”, dijo Uri, sonriente.
“...y rápido, antes de que los guardias despierten.”



[345 ciudades después…]

Mientras tanto, en algún otro sitio,
había en un orfanato algunos niños.
Sonrientes, hacían la cuenta atrás,
esperando que llegara por fin la Navidad.

“Chicos, saluden, tienen una visita.”
Les informaron, entonces.
¿Quién podría visitarles a esas horas de la noche?
Una joven extraña se acercó entonces.

“Hola, chicos. ¿Qué tal? Me llamo Meg, y les traje un regalo.”,
Dijo la joven, sonriente, con evidente descaro.
“Vengan, vamos, se los dejé en el patio.”
Y los chicos corrieron, mientras ella les seguía.

Y al llegar vieron… Una estatua del barbudo que les traía tanta alegría.
“¡Oh, que genial!”, dijo uno entonces. “¿Lo hiciste tú?”
“¿...hacerlo?”, rió la joven entonces. “No sé qué dices, este es de verdad, ninguna mentira.”
Pues, parecía algo asustado, ahora que lo veían…

“Igual no se preocupen, a ustedes nunca les traía regalos.
Eran los encargados que organizaban todo el acto.
Pero eso estaría mal, ¿No? Dígo, no recompensarlos.
¡Y por eso acabo de carbonizarlos, ahora mismo, mientras hablamos!”

Los niños la miraron en silencio, aturdidos y perplejos.
“¡No hay nada que agradecer, mi trabajo está completo!
¡Feliz Navidad, y un muy bonito Año Nuevo!”
Y tras estas palabras, desapareció, riendo.

***


Volviendo a la historia que nos atañe,
nuestros héroes habían comenzando a cansarse.
“¿...no será demasiado trabajo?”, pensó Katsuno en voz alta.
Pero algo llamaba la atención del resto, y nadie respondió nada.

Far estaba allí, sentado, manejando la nave.
...mientras gritaba, tanto como podía, a todo pulmón.
“¡VAMOS, CHICOS, SOLO NOS QUEDA....
...UN MILLÓN Y MEDIO, QUE EMOCIÓN!”

“...creo que disfruta mucho tener algo para hacer.
“Al menos no puede pensar en…”
“¡Y ya sé que arma voy a hacer después, por fin me inspiré!”
“...vaya… Pues, nada. Me equivoqué.”

“Como sea, la siguiente casa está delante.”, dijo Janther.
“...no tiene puertas, ni nada.”, comentó Sans, tras adelantarse.
“¿...entonces no hay nadie?”
“No, hay un tipo durmiendo, acostado en un catre.”

¿...quién viviría en una casa tan extravagante?
Era, sin duda, un sujeto de lo más resaltable.
¿Lo habrían visto antes?
...oh, claro. Todos lo recordaron, al mismo instante.

“¡Doc, doc!” Gritó NEX, al acercarse.
“¡DEJÁ DORMIR AL PROJIMO! ¡¿No vés que es tarde!?”
“¿...no quiere venir, salvar la Navidad, y de paso disfrazarse?”
Más el tipo no volvió a levantarse.

NEX salió, con una sonrisa extraña.
“¿...qué pasa, no quiso?”
“No, pero dejemosle de regalo algo para la casa.”
Y lo hicieron: Puertas. Todas perfectamente cerradas.

Y continuaron su camino…
“Pará, ahora que lo pienso…”, dijo Garnet.
“Amatista… Perla… ¿No nos falta alguien?”
“¡AH! ¡PERIDOT, LA PUTA MADRE!”

“¿...a quién le importa Peridot?”, dijo alguien.
Todos concordaron con ese, su opinión era muy aceptable.
Más…. ¿Quién la había dado?
Mientras tanto, en un lugar más agradable...



“¿...cómo que a quién le importa?”, dijo Kenny.
“¡No podemos dejarla de lado!”
“¡Pero no nos dá el tiempo, el cuento ya está empezado!”
“...y bueno. Al menos la referenciamos.”

El local estaba casi vacío, aparte de ellos y un par más, no había nadie.
Entre el par estaba la niña, que colgaba muérdago de una columna, con una sonrisa grande.
“Nadie vá a caer en eso.”, dijo Llave al notarle.
“...se vale soñar, ¿No? Además, si alguien lo hiciera sería interesante.”

Y, dicho eso, rápidamente procedió a alejarse.
“Coomoo sea, el relato vá bien, ¿No les parece?”, dijo Fear, cambiando el tema.
“Claro, aunque… ¿...por qué me parece que algo no cierra?”
“¿Que algo no cierra? ¿Qué podría ser?”

“Hmmm, olvídenlo, ya sabré bien qué es.”
“Okey… Sigamos, que ya casi terminamos.”
“La próxima no lo dejemos para último momento… ...otra vez.”

***


[8479 ciudades después…]

“¡¿CÓMO ME DIJISTE, PIBE?!”, gritó Far. “¡REPETILO, DALE!”
“Dije que me sorprendió que fueras negro.”, repitió el niño, al instante.
“... … … … … … Acá tenés tu regalo, pendejo.”, dijo Far, y se lo tiró a la cara.
El chico lo atrapó, y se volvió a su cama.

“Far… ¿Pasó algo?”, le preguntaron al volver.
Más él respondió con un grito: “¡NADA!”
Tristemente, todos se lo imaginaban.
“Le dejé al pendejo un par de medias de lana…”

Pero, antes de que pudieran darle algún consuelo…
Apareció ante ellos, como no, aquella chica molesta. ...nada nuevo.
“Eh, ¿Qué hacen?”, preguntó, mirando con curiosidad.
“Entregar los regalos.”, respondieron. “Vamos a salvar las fiestas.”

“...oh, ya veo…”, dijo ella. “¿Y no podrían darme uno a mí, si no es molestia?”
“...............nope.”, dijeron, casi al unísono, por toda respuesta.
“Vamos, chicos.”, dijo Far entonces. “Después de todo, estamos en Navidad.”
Y volviéndose a Meg dijo: “Eh… Depende. ¿Pediste carbón, por algún casual?”

“No, ¿Para qué te voy a pedir a vos si ya tengo a tu hermano?”
“¿...y con qué cara exactamente venís a pedir regalos?”
“Eh, de todas formas, ya se los saqué al viejo tacaño.
Pero si merezco carbón, según ustedes, al menos voy a ganarlo.”

Y, tras desaparecer, riendo como siempre.
la nave perdió su curso, y se enterró en un montón de nieve.
Ya no quedaba nada para que saliera el sol....
¿...alcanzarían a terminar a tiempo su misión?

Far la examinó, rápidamente.
“Ah, fácil. Me tardaré como 20 minutos… Con suerte.”



Y así a salir un rato se vieron forzados,
a tomar aire, y ver el nuevo día comenzando.
¿...hacía cuánto tiempo la Navidad para ellos había pasado?
Unas cuantas horas… Seguramente…
Y, sin embargo, ninguno diría que las habían “desperdiciado”.

“¿...y ahora qué?”, preguntó en voz baja alguno.
Nadie respondió. No tenían ideas. Ninguno.
¿...tal vez solo permanecer en silencio, aunque sea un segundo?
… … … … …

Y, entonces, escucharon algo.
Era… Un sonido extraño, que rompía aquel silencio sacro.
Era… ¿...un colectivo, que estaba pasando?
Si, a pocos metros de ellos, había una parada.
¿Alguien querría bajar, en plena madrugada?



Alguien quiso, y no podían creerlo.
Archangel estaba allí, discutiendo con el colectivero.
“¡¿CÓMO QUE NO ACEPTAS ORO?! ¡QUE SERVICIO DE MIERDA!”
Y, tras una discusión algo larga, acabó por matarlo y finalmente salir afuera.

Se quedaron en silencio, mirándose entre ellos.
Hasta que uno, finalmente, por todos decidió hablar.
Y dijo, simplemente: “¿...qué carajo haces vos acá?”
“¿Estás de broma? ¡¿Pensaban que podían tener sin mí una historia de Navidad?!”

“...la verdad, si. Pensábamos eso.
¿Podrías irte, por favor? No tenemos tiempo.”
“Además como que mucho no encajas con el ambiente de Navidad…”
“... Quizá si fuera Halloween de alguna forma ibas a encajar.”

“¡No, nada de eso! ¡Conozcan, de una vez por todas, su fina-
Y mientras algún poder comenzaba a cargar,
algo le impidió su frase terminar.
¿Qué era eso…? Oh, eran la nave, y Far.

“Mentí, chicos. Con 20 segundos iba a bastar.”
“¡Dale, vamos! que con un poco más ya vamos a estar!”
Y en menos de un minuto, todos consiguieron abordar,
y partieron dejando a Archangel atrás.

***


“¿...estás seguro, Tortugo? ¿Regalarle eso te parece bien?”
“Y mirá, en la carta dijo que se quería poder defender.”
“¡Pero eso es un arma de fuego, boludo, otra forma debe haber!”
“Eh… ¿Vos decís? Yo lo ví bastante contento.”

Tortugo y Ken volvían al “trineo” después de otro regalo entregado…
Aunque tal vez no había sido el regalo mejor pensado.
De una manera u otra, ahí también habían terminado.
“..........pará. ¿Lo viste contento? ¿Se había despertado?”

Y entonces notaron. Mientras la puerta se estaba cerrando…
Un intruso se había colado.
Un joven, que con una pistola les estaba apuntando.
“¡Denme todos los regalos!”

Por un segundo, todos lo miraron.
...y luego rieron, sin parar, por unos cuantos minutos.
Y, luego de unas palmadas en la espalda, lo devolvieron a su cuarto.
Para luego seguir la aventura, aún riendo cada tanto.

***


“¿...y esos que están haciendo?”
“¿Yo cómo voy a saberlo?
Serán de algún culto, o algo…”
“¿...y qué carajo están cantando?”

“...no importa, eh… Mejor nos vamos apurando.”
En una casa grande habían entrado Kaiser y Carlos.
“¿...en serio a estos tipos hay que darles regalos?”
“Así parece… Bueno, lo hacemos y nos vamos.”

A pesar de la hora, se podían escuchar cantos,
provenientes de una habitación enorme, con techo abovedado.
Dejaron los regalos, y fueron a la salida…
Pero… A mitad de camino, se toparon con una extraña comitiva.

Al parecer, los cantos habían cesado… Vaya.
Y ahora los habían encontrado afuera de la sala.
“Eh… Hola.”, dijo Kaiser, tomando la palabra.
“...”, los miraron, silenciosos, sin decir nada.

“...eh, Kaiser, distraélos, yo me hago cargo.”
Dijo Carlos, mientras retrocedía unos pasos.
“...hmm, tienen pinta de secta del mal.”, comentó Kaiser, con temor.
Al instante, invocó algo… “Capaz que con él se llevan mejor.”

Y así su murciélago, FearRyu, apareció.
Todos le observaron, con admiración.
“...es… ...un milagro…”, dijo uno, el mayor.
“¡Ha aparecido, nuestro Dios!”

“...eh, Carlos, vení, dale, creo que ya se distrajeron.”
Dijo Kaiser, viendo como todos se reunían en torno al murciélago.
“...ah, ¿...ya está? Bueno, salí corriendo.”
Y, al darse vuelta para preguntar, Kaiser lo vió. Había un incendio.

Mientras el murciélago seguía, volando,
ambos se retiraron rápidamente, silbando.
“...esto, nunca vamos a contarlo.”
“...no te preocupes, yo me lo guardo.”

***


[48754 ciudades después.]

Ah… La última casa. Que lugar más bizarro y sin igual.
¿Qué clase de ser viviría en una casa tan particular?
Prácticamente flotaba en medio del mar.
Pero… Mientras se acercaban… Alguien quiso aparecer una vez más.

“¿...ay, en serio? ¿No se aburren de esto?”
“...ay, por Dios.” Suspiraron, molestos.
“Es que… ¿Por qué se obstinan tanto en esforzarse?
¿...acaso piensan que alguien va a acordarse-

“...no, no, no, no. Mirá, no sé quién pensás que sos
¿Pero podés evitar dar una moral forzada, por favor?”
“Oh, bueno. En ese caso… Supongo que me vuelvo.
Ya verán ustedes cómo sale todo al final del cuento.”

Y llegaron, entonces, a la casa del final.
Allí encontraron a un montón de gente, en una mesa circular.
“...eh, están todos despiertos. ¿Por qué no nos avisó Sans?”
Y al instante notaron, que con ellos se había puesto a charlar.

¿Quién sería ese grupo tan singular?
Y era también bastante rara la conversación que tenía lugar.
Y entonces pasó: se dió la vuelta, y lo pudieron observar.
Sin haberlo visto nunca, su nombre pudieron pronunciar.



“Jorge Ronpe… ¿Verdad?”
“¡ASÍ ES, SEÑORES, BIENVENIDOS A MI HOGAR!
¿Algo que quieran hablar con este servidor?”
Todos lo miraron en silencio, estupefactos por su esplendor.

“Eh… Si, veníamos para entregar los regalos de Navidad.”
“Oh… Ya veo, es un gran detalle, chicos y chicas, pero no sé si pueda aceptar.”
“Oh, no se preocupe, todos en el mundo los tienen ya.”

“¿En serio? ¿Es justa la repartición?”
“Sin duda, esa fué nuestra misión.”
“En ese caso, no hay nada que hacer,
aceptaré sus presentes, con mucho placer.”

Y así, el gran Jorge Ronpe tuvo también, al final,
su regalo de Navidad, imbuído de justicia social.
“Muchas gracias, se los agradezco.
Ahora iremos a salvar el mundo, yo y mis compañeros.”

Y así todos, juntos, desaparecieron.
“Todos desaparecen hoy en día.”, dijo Lyra.
“¿Es una moda de la que no me entero?”
“Eso o son todos vagos, pero no importa ahora.”

Y así… Terminaron su viaje, y se dispusieron a regresar.
Más un par de regalos quedaban aún por entregar.
Y es que, adelantándose con Sans,
Far preparó para ciertas personas, algo muy especial.



“Bueno, había preparado un regalo para ustedes, pero…
Creo que después de esto, se lo merecen más que nunca.
Carlos, Esprit…” Dijo Far, mientras les alcanzaba dos objetos.
Eran dos aparatos raros, Far tenía muchos de esos.

“Si aprietan el botón, vá a aparecer una casa.
...si, bueno, me tomé la libertad de averiguar como te iba, Esprit.”
“Eh… Gracias.”

Ambos aceptaron el objeto, de forma desinteresada,
aunque la alegría y la gratitud de lejos se notaba.
Y tras eso, volvieron a sentarse, con la empresa ya terminada.

Y… Ese era el final, ¿No? De su aventura, de su historia.
Lo habían hecho. Al final, habían alcanzado la victoria.
Contra todo pronóstico, contra toda adversidad…
¡Habían salvado la Navidad!

Pero, justo cuando lo pensaban…
¿...algo más iba a pasar?
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